SUDDENLY I SEE YOU - MirCel



Capítulo 8: Desespero


El día siguiente fue como una pesadilla para mí.

Llegamos al instituto justos de tiempo otra vez. Me deslicé a mi primera clase con rapidez, y la segunda hora fue más de lo mismo. A pesar de ellos estaba contento, porque a la tercera hora tenía Literatura, así que vería a Bella, y podría pedirle disculpas por mi impertinencia de ayer. Y seguramente me perdonaría, y yo enterraría esa sensación de desazón que no me abandonada desde su comportamiento al despedirnos.
Entré en Literatura y estaba ya allí. Me acerqué algo nervioso.

—Hola, Bella. —le sonreí, pero ella no levantó la cabeza de sus papeles. Conforme pasaron los segundos, la sonrisa se fue borrando de mi cara. — ¿Bella?

No dijo nada. Ni siquiera me miró.

—Hola, Bella. —saludó una voz junto a Bella. Era Eric Yorkie. Bella le miró, y le sonrió. Eso me rompió un poco más el corazón.

—Hola, Eric. —comenzó a hablar. Después de eso se enfrascaron en una interesante conversación sobre la clase de Literatura de la cual fui completamente inconsciente. Veía como le miraba, como le hablaba. Como me ignoraba. Y duró toda la hora.

Cuando sonó el timbre que nos enviaba a comer, intenté hablar con ella de nuevo, pero fue como hablarle a la pared. No contestó, no me miró.

Tampoco actuó de manera diferente mientras comíamos. Ella se disculpó por el comportamiento de su padre el día anterior, diciendo que estaba cansada. Los demás parecieron creérselo, pero sólo Alice vio lo que me estaba rompiendo en dos partes. Me miraba a mí y a mi expresión torturada y luego miraba a Bella y su mutismo hacia mi persona.

Casi no recuerdo las clases que tuve después. No podía dejar de pensar en que la había cagado, que Bella me odiaba, que había metido la pata hasta el fondo y al fin recibía lo que me merecía de su parte. Creía que me lo merecía, pero no podía hacer que dejara de dolerme su indiferencia. Y dolía, vaya si lo hacía. Cada vez que pasaba, miraba como si mi silla estuviera vacía, mi estómago se hundía un poco más y mi corazón se sentía más pesado.

Volví a casa en un estado de trance y me metí en la cama sin decir nada a nadie. Mamá quiso entrar a hablar conmigo, pero no tenía ganas de verla.

Bella me estaba ignorando, me ignoraba descaradamente. No me hablaba, no me miraba, ni siquiera daba algún signo de notar mi presencia. Y yo lo había causado al ser tan impertinente con mis preguntas. Pero quería saberlo, quería ayudarla, quería que confiara en mí. Pero ella no quería confiar en nadie, se había puesto completamente a la defensiva. Pero no entendía porque me tenía que dejar de hablar.

Me pasé la tarde dándole vueltas al asunto, pensando en qué podría hacer. Cuando calculé que Bella debería estar yéndose a la cama, cogí mi móvil, algo tembloroso por los nervios y la llamé, pero el teléfono sonó durante un tiempo indefinido. Deseando que no hubiera estado cerca del teléfono, volví a llamarla una segunda vez… pero tampoco contestó. Decididamente, no quería hablar conmigo.

Luchando contra respirar demasiado rápido, dejé el móvil en la mesilla de noche y me tumbé en la cama con los brazos sobre la cara. Dejé pasar los minutos y las horas, intentando poner la mente en blanco para no seguir con la gran angustia que me estaba atormentando.

Supongo que al final me dormí porque me desperté temprano, con las imágenes de un sueño aún rondándome la cabeza. No recordaba bien de qué trataba, pero sabía que Bella estaba dentro.

Con ese pensamiento me preparé y me fui al Instituto, esta vez temprano. Quería hablar con ella, sin embargo no hubo manera. Vino con la moto de Jake, cosa que hizo que mis tripas se retorcieran de miedo y de celos, y no me atreví a hablar con ella con el chucho cerca. Esperé a que se despidieran y la intercepté en el pasillo
.
— ¡Bella!—la llamé. Ella se paró, de espaldas a mí, pero no se giró. La tomé del brazo y suavemente la giré. Se quedó mirando el suelo. —Bella, siento lo que te pregunté, fue muy impertinente, no tenía derecho… lo sé y lo siento, Bella…—ella siguió sin decir nada. Era como si hablara con la pared. Mi corazón estaba como estrujado, me dolía. —Vamos, Bella… lo siento…

Mi voz sonaba suplicante, pero ella no dijo nada. Se recolocó la mochila en el hombro y se giró, dejándome plantado en medio del pasillo vacío.

—Bella, por favor…—mi voz estaba rota, me picaban las comisuras de los ojos. Odiaba su indiferencia, no quería ser invisible para ella. Por ella había decidido ser un hombre nuevo, uno diferente, mejor para ella. Quise ser mejor persona para estar a su altura. Ella era mi mundo, que actuara así conmigo me partía el corazón.

Esa súplica le hizo girarse durante un momento y mirarme. Su cara era inexpresiva, pero sus ojos no. Cuando parecía que iba a decir algo, sonó el timbre y se fue corriendo.
Pensé en salir corriendo detrás de ella, pero una horda de gente se interpuso entre los dos. Me metí en mi primera clase, intentando no descargar mi furia y mi desesperación con cualquier incauto que me dirigiera la palabra. Pero no tuve suerte.

—Oye, Cullen, necesito que me devuelvas esos apuntes que te dejé el otro día.—la voz de Tyler Crowley, mi compañero de Matemáticas, sonó a mi lado. Yo tenía agarrada la cabeza con fuerza y los codos sobre la mesa. Al oír sus palabras salté como un resorte.

—¡Vas a tragarte esos malditos apuntes como vuelvas a dirigirme la palabra!—grité asustando a toda la clase, que entraba en ese momento. El profesor se quitó las gafas y las dejó encima de la mesa. El silencio era absoluto.

—Señor Cullen, controle su genio, ¿quiere?—Respiré fuerte intentando controlar mis puños. Tyler había empalidecido lo indecible y me miraba como si fuera una aparición.—¿Se encuentra bien?
Me vi incapaz de responder sin soltar un improperio, así que solamente asentí con dificultad. Crowley me miraba como si me hubiera salido otra cabeza y me di cuenta de lo que había hecho. Me senté sin decir una palabra más y me concentré en no matar a nadie.

Aunque estaba desesperado, no me iba a rendir. Necesitaba demasiado a Bella en mi vida para eso. Sin ella, la persona en la que me había convertido desaparecería… y no sabía que me iba a ocurrir. Ni quería saberlo, porque no iba a contemplar esa opción. La abordaría las veces que hicieran falta, aunque eso me destrozara el corazón, y a ella los nervios.

Logré acabar la clase sin pegar a nadie, lo que fue algo bueno, supongo. No sé como pasé las dos horas siguientes, pero lo que recuerdo es que en cuanto sonó el timbre salté de mi asiento directo hacia el pasillo, para ir a buscarla. Decidí ir a su coche directamente, así no habría manera de que se me escapara. Pero luego recordé que había llegado con la moto del perro. Me dio igual.

Me planté al lado del intento de moto con mi mochila colgando del hombro y la ansiedad en mi rostro. Vi como a través de la marabunta de gente Jacob y Bella se adelantaban hacia mí. Jacob tenía el semblante serio y duro, y parecía que le iba a salir humo de la cabeza. La cara de Bella miraba el suelo, unos pasos detrás de su amigo. Me acerqué a ella de inmediato.

—Bella, escúchame. Necesito hablar contigo, me voy a volver loco. Bella…—antes de que pudiera acercarme más a ella, Jacob puso un brazo delante de mí. Lo miré ceñudo pero no cesé en mi intento.

—Bella, por favor…

El brazo que me separaba de Bella se convirtió en una mano que me empujaba.
—Cullen, vete de aquí. —dijo fuerte. Lo miré mal, tenía ganas de hacer que ese gilipollas se tragara sus palabras, y unos cuantos dientes.

—No estoy hablando contigo, Jacob. —le solté con rapidez. Su cara se puso roja por momentos, y Bella levantó la vista brevemente para bajarla otra vez. —Bella, de verdad, no sé qué te he hecho, pero quiero arreglarlo…

Jacob bufó y me empujó de nuevo y más lejos.

—Algo habrás hecho si no quiere hablarte. No te acerques a ella, no te lo voy a permitir.

Le ignoré y continué hablándole a ella. Creía que si me escuchaba lo suficiente me perdonaría, o al menos me intentaría escuchar de verdad. No era consciente de nada más que de su cara. Me daba igual cuantas veces me empujara Jacob, o si estábamos armando mucho revuelo en el aparcamiento. Quería que me mirara a los ojos, que me escuchara, que riera conmigo de nuevo.

—Bella, por favor. ¡Somos amigos!—grité con el rostro desencajado. Bella levantó la vista y la fijó en mi cara. Parecía turbada y angustiada.

De repente, unos puños enormes me cogieron de la camiseta y me levantaron unos centímetros. Jacob me tenía cogido, con la cara de rabia más grande que le había visto alguna vez a alguien. Su rostro estaba rojo, sus ojos encendidos y su mandíbula tensa.

— ¿Amigos, Cullen? ¿Amigos?—gritó. Me soltó la camiseta pero no se separó. Su expresión era mortífera.

— ¡Tú no quieres ser su amigo! ¡Tú sólo quieres una cosa de ella, lo mismo que quieres en todas las chicas! ¡Ella no es una más, Cullen, no voy a permitir que se lo hagas a ella! ¡Todo ese rollo de que has cambiado no es más que una excusa para llevártela a la cama al final de la historia!—su voz furiosa penetraba en mis oídos y me hería. Parecía que estaba soltando todo lo que pensaba de mí— ¡Sólo eres un parásito, un asqueroso hijo de puta, como tu padre! ¡Todo lo que sabéis hacer es arruinar vidas!

Su discurso me golpeó en la boca del estómago e hizo que empezara a ver las cosas de un extraño color rojo. Mi mano se convirtió en un puño que se iba a mover inevitablemente hacía su cara, su ojo, su mandíbula. Donde fuera, me daba igual, quería hacerle daño, destrozarlo, matarlo por lo que había dicho de mis intenciones con Bella y de mi padre. ¡Él no sabía nada! ¿Cómo podía pensar que Bella era una cualquiera para mí? ¿Cómo podía decir que los cambios que había hecho eran una simple treta? Y sobretodo… ¿cómo podía decir eso de mi padre?

Mi cara se contrajo con la rabia. Inconscientemente levanté mi brazo y me posicioné para golpearlo en toda la cara. Pero entonces un suave toque rozó mi mano.

— ¡BASTA!—gritó una voz que hacía días que me moría por que se dirigiera a mí.

Bella estaba parada en el breve espacio entre nosotros dos. Tenía una mano en mi puño y la otra en el estómago de Jacob, y hacía fuerza para separarnos. Miró a mi enemigo y después me miró a mí a los ojos, intentando infundirme calma. Lo consiguió. Que me volviera a mirar a los ojos hacía que me olvidara de todo. Bueno, de casi todo. Una parte de mí continuaba gruñendo y con ganas de matar al maldito chucho.

—Bella…—susurró Jacob con advertencia. Ella se giró para encararlo, y ponerse delante de mí.

—No, "Bella" no, Jacob. ¡Basta ya!—le gritó — ¡Edward y yo somos amigos, y nunca he dudado de sus buenas intenciones hacia mí! ¡Sus razones tendrá por los cambios que ha hecho, y desde luego no es de tu incumbencia porqué le hablo o dejo de hablarle! Por otra parte, como sigas hablando de esa manera de él o de su padre la que dejará de hablarte seré yo, Jacob. No quiero un amigo que no sepa lo que es el respeto. ¡Edward al menos lo ha tenido por ti!

La furia de Jacob y la mía se dilucidaron inmediatamente con las palabras de Bella, pero por diferentes motivos. En la cara de Jacob brillaba el arrepentimiento, y yo estaba demasiado feliz porque Bella me había defendido como para guardar rencor a nadie.

—Y ahora, por favor, vamos a dejar este tema por zanjado. —Bella tenía la cara acalorada, estaba nerviosa por la situación. —Jacob, ve a encender la moto, por favor. —pidió en tono apaciguador. Jacob asintió y se fue, no sin antes dirigirme una mirada iracunda.

Bella se giró y se me quedó mirando a menos de un metro de distancia. Sus ojos estaban claros, me miraban con duda y con tristeza, pero también con arrepentimiento. Se acercó a mí lentamente y pasó sus brazos por mi cintura para abrazarme. Yo, que estaba paralizado, no pude hacer nada más que dejar caer mi cabeza sobre la suya para oler el maravilloso perfume que ella desprendía. Era floral, con un toque de frutas, y me volvía loco y adicto a ella. ¿Cómo podía haber vivido tantos años de mi vida sin oler eso estando cuerdo? No lo sabía, pero tampoco quería saberlo.

Bella se separó de mi abrazo muy a pesar mío, y sólo me hizo una pequeña sonrisa antes de decir, confundiéndome por completo.

—Vete. Te llamaré luego. — me dijo mientras se giraba para dirigirse a la moto de Jacob. La tomé del brazo antes de que pudiera dar un paso más.

— ¿Lo dices de verdad?—pregunté casi en un susurro.

Bella hizo una sonrisa pequeña y tierna con esos labios con los que yo soñaba besar desde hacía exactamente una semana, y dijo:

—Sí. Lo prometo.

Después del extraño encuentro que habíamos tenido los tres en el aparcamiento me sentía confuso. Bella me había abrazado, pero no sabía el porqué. Quizá ahora me perdonaría o quizá no, pero no lo sabría hasta que ella misma me llamara. El móvil no había abandonado mi mano desde que la había perdido de vista.
Cuando llegué a casa me tumbé en el sofá de la salita mirando el techo, perdido en mis pensamientos. Emmett llegó al rato y encendió la tele, Alice se puso a hojear una revista a mi lado y no me inmuté. Cada uno estaba perdido en sus asuntos.

Cuando llevábamos un rato sin decir nada Alice cerró la revista y me hizo levantar las piernas para sentarse en el sofá. Sé que se quedó un rato mirándome pero yo seguía en la luna.

— ¿Estás bien?—preguntó con tranquilidad. Emmett me miró una vez y siguió concentrado en el partido que estaba viendo. Yo asentí, sin abrir la boca.

Unos diez minutos después sonó mi teléfono móvil, haciéndome saltar como un resorte. Alice se asustó y dio un bote en su asiento, pero no dijo nada. Yo me levanté como un rayo y salí de la casa para hablar sin temor a que me escucharan.

— ¿Diga?—contesté ansioso.

Hey, Alto.—Su voz encendió una llama dentro de mí, y más cuando me llamó con ese tonto apodo que me había dado ella.—¿Cómo estás? 

—Mucho mejor ahora. —respondí sinceramente. Ella suspiró al otro lado de la línea telefónica y después habló muy bajito.

Sobre eso, lo siento mucho, muchísimo. Me gustaría hablar contigo en persona para eso, pero mañana no creo que…

—Voy para allá. —la corté. Quería verla y quería hablar con ella, sentir que su perdón era real y no una mentira.

Pero, Edward…—colgué antes de que pudiera decir nada máé poco más de un minuto en estar de camino hacia allí, con mi velocidad natural. Bajé la velocidad un par de kilómetros antes de encontrarme con la casa del Jefe, por si acaso. Aparqué a unos metros de su casa y la vi en la ventana de la habitación que estaba encima del vestíbulo. Me miraba fijamente y me saludó con la mano; la vi desaparecer segundos después. Abrió la puerta cuando yo aún no había cruzado la calle.
— ¡Edward!—gritó de alivio.

Sin que yo dijera otra palabra ella se volvió a lanzar a mis brazos. Este acto me sorprendió tanto como me gustó. La apreté contra mí hasta que sentí que podría estar haciéndole daño, pero incluso así solo ansiaba tenerla más cerca. No había nada de romántico ni de idílico en ese abrazo. Era más bien un alivio del alma, una descarga de tensión acumulada por parte de los dos. En mi caso, porque volvía a dirigirme la palabra. En el suyo… no lo sabía.

Cuando nos soltamos me cogió de la mano y me dirigió al porche, en el que nos sentamos con tranquilidad. Sin necesidad de preguntar, adiviné entonces que el Jefe Swan no iba a llegar pronto esa tarde.

—Oh, Edward, lo siento tanto…—empezó a disculparse de nuevo. No la dejé, y puse un dedo en su dios—mío—que—suave labio. Ella medio sonrió pero bajó la cabeza.
—No pasa nada, Bella. No debí entrometerme, no era asunto mío.

Bella estaba apoyada en el respaldo del balancín de cuatro personas del porche. Ella me miró fijamente antes de apartar la vista y decir.

—No, no lo era. —afirmó. Eso abrió una pequeña brecha en mi corazón, pero nada comparado con lo que había sentido esos últimos días sin Bella. —Pero yo no debí responder de esa manera. Creo que te debo una explicación.

La miré alzando las cejas, muy sorprendido. Ella no rió pero tampoco se puso más seria.

—Bueno, no te contaré mucho pero lo necesario para que entiendas mi reacción.
Yo esperé expectante mirándola. Ella estaba concentrada con sus zapatos.

—Debes entender, Edward, que hay ciertas cosas recientes en mi vida que son privadas. —la oscuridad explícita en esas palabras me intrigó aún más, y supe que sin querer habíamos tocado el quid de la cuestión.

—Y que lo seguirán siendo. —confirmó con convicción. Después me miró y su expresión de dolor menguó.

—Lo siento, Edward, pero simplemente no puedo hablar de ello.

Yo asentí, intentando comprender. Por ahora lo dejé pasar, pero decidí pensar en ello más tarde, para poder darle sentido. Bella me miraba aún, esperando a que dijera algo.

—Está bien, Bella. Lo entiendo. —acepté.—Pero eso no hace que me preocupe menos, entiéndeme tu a mí. Si supiera lo que te pasa podría ayudarte.

Ella negó con la cabeza, seriamente y con ojos húmedos.

—No, Edward, no puedes ayudarme. —después intentó aligerar se humor pesado con algo de ironía en la voz—Además, todo el mundo tiene derecho a guardar secretos, ¿no?
 Yo asentí.

—Siento haber estado tan pesado estos días, pero no podía…. — ¿dormir? ¿comer?¿reír?¿vivir, en definitiva?—estar tranquilo sabiendo que estabas enfadada conmigo.

—Entiendo. —afirmó ella.

Un cómodo silencio se extendió entre los dos.

—Y gracias por defenderme de Jacob. —dije más bajito. Ella negó con la cabeza.

—No ha sido nada. Jacob es un poco sobreprotector conmigo. De hecho, soy yo la que debería pedirte disculpas por su comportamiento…

—No tienes porqué…—la corté. Pero ella me miró y después apartó la vista.

—Claro que tengo. Se ha metido contigo y con tu manera de vivir, con tu existencia en general y también con tu familia. —Una pequeña mueca de rabia apareció en su cara, así como en la mía por recordar lo que me había dicho. —Tu vida es tuya, tienes todo el derecho a vivirla como quieras.

—Lo sé. —afirmé. —Pero no estoy orgulloso de la manera en que he vivido los últimos dos años. En cierta manera, comprendo los prejuicios de Jacob acerca de mí. Yo tampoco me fiaría de alguien como yo.
Bella me golpeó el brazo con el puño intentando hacerme daño. Me lo froté sorprendido.
— ¡No digas tonterías!—se quejó. — Lo pasado está en el pasado.

Le sonreí, pensando en cuanta verdad había en esas palabras. Hay que ver todo lo que puede cambiar el amor…

—Sí, tienes razón. —afirmé.

Estuvimos unos minutos en silencio, disfrutando de la mutua compañía. Un viento otoñal acariciaba los árboles y nos traía el aroma del bosque, junto con unas cuantas hojas. Respiré hondo con los ojos cerrados, disfrutando aún del alivio que estaba sintiendo.

—Edward…—empezó. Estaba mirándome con duda en los ojos, y se mordía el labio. — ¿Puedo hacerte una pregunta?

Asentí, sin ningún miedo a lo que pudiera preguntarme. No tenía secretos para ella.

—Claro. —le sonreí, dándole ánimos.

Ella tomó aire y lo soltó lentamente.

— ¿Qué fue lo que te hizo cambiar?

Excepto por ese secreto.

Fui consciente del cambio de color de mi cara. Primero palidecí por el miedo, después me enrojecí por el azoramiento y después volví a ponerme pálido, porque no sabía qué contestar. Bella me miraba con duda.
"Bueno, Bella, en realidad me di cuenta de que era un idiota cuando me enamoré de ti a primera vista y no sabía tu nombre porque no te lo había preguntado."
Demasiado estúpido.

"Tú, Bella. Tú, y el amor que me inspiras, me hicisteis cambiar."
Demasiado cursi.

"Cambié porque estoy enamorado de ti como un loco y quiero que tengas lo mejor de mí."
Demasiado sincero.

Miré de nuevo a Bella a la cara y esta estaba con una ceja alzada.

— ¿Edward?—preguntó. Después se encogió de hombros. — Si no lo quieres decir…
—Bueno…—empecé yo, con el calor en mi cara. —Todo el mundo tiene derecho a guardar secretos, ¿no?—cité sus mismas palabras como una evasiva. Ella asintió quedamente.

—Touché, tienes toda la razón. No es de mi incumbencia.

Resistí a duras penas los locos intentos de reírme. No es de mi incumbencia… Jajajajaja… Ay, Bella… ¡si supieras que es justamente por tu incumbencia!

— ¿De qué te ríes?—preguntó intrigada con una sonrisa preciosa. Yo seguí riéndome, esta vez en voz alta, y la miré con ternura. Había tanto que quería decirle… pero que aún no debía. Le alboroté el pelo, juguetón.
—De nada, Bella. De nada. —Ella se encogió de hombros y no insistió. —¿Tienes alguna pregunta comprometedora más?—me burlé. Ella puso los ojos en blanco pero sonrió.

—No, ya se ha acabado el arduo interrogatorio. Respira tranquilo. —exageró moviendo las manos. Bella suspiró y yo me la miré. Tenía la vista fija en el bosque, y estaba como soñando despierta.

— ¿En qué piensas?— le pregunté curioso. Ella despertó de su ensueño repentinamente y me dirigió una mirada algo avergonzada.

—En realidad en nada importante. —admitió— Sólo estaba intentando imaginarme solo como una chica.
Enarqué una ceja. Ella lo captó y soltó una pequeña carcajada. Después se tumbó en el porche de madera relajadamente, poniendo sus manos detrás de su nuca en actitud tranquila.

—No entiendo qué quieres decir. —admití. Ella suspiró.

—Intentaba quitar de mi cabeza todas mis preocupaciones y ser solo una chica normal. —no añadió nada más y yo tampoco insistí mucho.

La encontraba fascinante. Pese a todo lo que ocultaba y lo que sufría, aún tenía momentos de espiritualidad, como ahora mismo. Con esa pequeña sonrisa, los ojos cerrados y las manos detrás de la cabeza estando ahí tumbada. Imité su ejemplo y me tumbé en el porche, disfrutando de los elementos y sobre todo de su calor a mi izquierda. Sería perfectamente feliz así.

Bella alzó repentinamente la cabeza unos minutos antes de las 9. Llevábamos ahí toda la tarde, hablando y riendo. Sinceramente, fue una de las mejores tardes de mi vida.

—Mierda. —soltó de repente. Pensé que una palabra así jamás saldría de su boca, y la miré sorprendido. —Debes irte. Es Charlie. Puedo oír su coche de lejos.

Se levantó de golpe y me empujó con suavidad hacia mi choche. Cuando fui consciente de que tenía que irme me di más prisa, pero aún no lo entendía.

— ¿Por qué tengo que irme corriendo?—me quejé. Bella no contestó, tenía una expresión cautelosa. Una vez estuve dentro del coche se inclinó hacia la ventana y dijo.

—Vete por ese otro camino. Charlie no debe verte. —se inclinó ligeramente y me besó una ceja, dejándome sorprendido. —Adiós, Edward.

Arranqué aturdido y solo atiné a preguntarle:

— ¿Puedo llamarte esta noche?—la vi asentir y me dio tiempo de sonreírle antes de poner el coche a 100 por la carretera.

Volví a casa con ella en mis pensamientos, para variar. No podía entender cuál era el misterio que la envolvía de esa manera, que comprometía sus actitudes y su manera de ser. Pero tampoco podía afirmar que odiaba esa faceta de ella. Me cautivaba cuando era misteriosa, pero también cuando se mostraba sincera y sencilla. Sus preguntas estaban hechas sin malicia, con ingenuidad. Un niño de 5 años podría haberse dado cuenta de que me muero por ella, pero Bella no. No lo entendía, pero de momento daba las gracias por ese hecho.
Después estaba su actitud en respecto a su padre. Según ella, había ciertas cosas en su vida que eran privadas, y que no quería ni podía hablar de ello. Me preguntaba si esa imposibilidad era intrínseca, es decir, que ella físicamente, por negación de su cuerpo,no podía decirlo, o era impuesta. Entonces… ¿qué papel jugaba su padre en todo eso? ¿Y su madre, de la que no había oído hablar por ella jamás?
No quería hacer juicios, pero me daba la sensación de que Bella estaba demasiado sola en casa. Su padre, por lo que había podido ver cuando fui esa tarde en la que metí la pata, apenas le dirigía la palabra. No la miraba, ni por asomo. En contraste con el ambiente cariñoso y afectuoso de mi casa, la frialdad de su hogar más la actitud de su padre me parecían casi alienígenas.

Y por último en mis sentimientos estaba el alivio. Alivio de ver que me había perdonado, alivio de poder volver a acercarme a ella. Debía proseguir con mi plan. Tal y como habíamos hablado el lunes, el sábado haríamos una maxi-fiesta de pijamas. Intentaría averiguar más de todo eso por mi mismo entonces.
Cuando llegué a casa me presenté ante la puerta de Alice. Ya habían cenado y cada uno estaba en su habitación.

Mi hermana estaba pintándose las uñas de los pies mientras hablaba por el móvil con su novio, supuse. Entré, cerré la puerta y me apoyé en ella. Cuando me vio se apresuró a cortar la llamada con Jasper.

—Jas, cariño, tengo que colgar. Edward está aquí. Sí, parece que sí. Ya te contaré. Hasta mañana… yo también a ti. Un beso. —colgó con actitud soñadora y luego me miró a mí— ¿Y bien? ¿Vuelves del mundo de los muertos?

Me encogí de hombros.

—No tengo idea de lo que estás hablando.

—Ya. —comentó fríamente. Entonces pareció que lo dejaba correr y cambió de tema. —¿Qué te trae por aquí, hermano?

—En realidad quería saber qué planes tienes para el fin de semana. Espero que recuerdes que había planeada una fiesta de pijamas el sábado.

Ella abrió los ojos.

— ¡Se me había olvidado por completo!—Exclamó—Tengo que llamar a Rose… Pero bueno, para mañana tenía pensado ir al cine. Si quieres venir, vamos todos.

—Me apunto. —respondí rápidamente, con una sonrisa. Lo que sea por estar con Bella.

—Edward, ¿qué tal las cosas con tu chica, por cierto? —comentó alzando las cejas

—No es mi chica. —le dije. "De momento", añado en mi interior. —Y todo va bien.

—He visto las cosas algo tensas últimamente. ¿Soy yo o Bella parecía estar esquivándote?—preguntó no con un deje de acusación en su voz.

Bajé la mirada.

—Veías bien, pero ahora ya está solucionado, así que no te preocupes. Tu habla con Rose y prepáralo todo para el sábado, os dejo vía libre. Eso sí, por favor, que durmamos todos juntos.
Alice rió y aplaudió.

—Estás hecho todo un depravado, Edward.

Enrojecí hasta la punta del cabello.

— ¡Tonta! ¡No había pensado en eso!

Ella rió más.

—Ya, claro. —entonces la ira se apoderó de mí.

—Sólo es que no quiero que Jasper se aproveche de ti… a solas.

Mi comentario tuvo el efecto deseado. Se puso roja y me miró enfurecida.

— ¡Pues que sepas que él puede hacerlo tanto a solas como en compañía! —después de semejante comentario se puso aún más roja y se tapó la boca con las manos. Yo me reí, sacudiendo la cabeza.
— ¿Quién es el que piensa cosas depravadas ahora, Alice?—seguí riéndome y ella refunfuñaba de nuevo. — En todo caso lo dejo en tus manos. Hasta mañana, Al.

—Hasta mañana… —susurró aún molesta.

Bajé las escaleras y me metí en la cocina para prepararme un sándwich rápido para llenarme el estómago. Hacía días que no comía en condiciones, después del malestar que había sentido al estar "peleado" con Bella.
En cuanto lo tuve listo me lo llevé a la habitación a la vez que tomaba mi móvil y llamaba. Volvía a estar nervioso.
Cerré la puerta de la habitación justo a tiempo para oír su voz.

¿Edward? —preguntó con la voz normal. Al menos hoy no ha estado llorando, pensé.

—Hola, pequeña. —No pudo evitar sonreír como un bobo.

Hola. No tengo mucho tiempo hoy, estoy que me caigo de sueño.—dijo con voz somnolienta.
—Está bien. ¿Me ha visto tu padre?—pregunté. ─En realidad no me importaba si me ha visto o no, pero como parecía que a ella sí, debía saberlo por si le había causado una incomodidad.

Si lo ha hecho, no ha dado muestras de ello. —su voz sonaba seria. Después cambió de registro. — ¿Qué haces?

—Pues mira, ahora estaba a punto de comerme mi cena. No he podido comer muy bien estos días. —comenté a la ligera.

Te entiendo…—afirmó, para mi sorpresa. De repente recordé la fiesta de pijamas.

—Ah, Bella, por cierto. Te recuerdo que me debes una FC. —dije usando una voz jocosa.
¿Una efe qué? Ah… vale, ya recuerdo. —se rió y me entusiasmó su alegría.—Genial. ¿Ya has hablado con la duende?

—Se lo acabo de recordar, —afirmé— y lo tendrá todo listo. Y para que lo sepas, mañana todos iremos al cine. —le comenté, de paso también.

Algo de eso había oído, sí. —de pronto se quedó en silencio un minuto y después se echó a reír.—Admiro la manera en que tu hermana nos programa la vida. Es alucinante, porque nadie se queja.
—Tienes razón. —me moría por hablar más con ella, pero oí un bostezo al otro lado de la línea telefónica.—Creo que será mejor que cuelgue, parece que te estás durmiendo.

Bueno, sí. Está bien…—suspiró y volvió a bostezar. —Buenas noches, Edward, hasta mañana. Un beso.

—Hasta mañana, Bella. —susurré imaginándome ese beso en mi mejilla, y entonces pulsé el botón de apagar la llamada. Miré el teléfono y lo apreté contra mi pecho, tumbándome en la cama, con una sonrisa tonta pintada en los labios.

9 comentarios:

lauriii!!! dijo...

AWwwww....que tierno es est Ed!!!!! me encanto lo del cel que apreto contra su pecho!!!

Maryu dijo...

jajja estoy de acuerdo con laurii jaja y al prioncipio me dieronganas de apretarle el cuello a bella ¡el no tiene la culpa de nada! ¡deberia agradecerle por preocuparse por ella! pero bueno ya todo se soluciono, hayyyy estoy sospechando que bella tambien esta enamorada de edward por eso de ser una chica jajajajaj bueno hay el capi me encantoo amo esta historia y ams a edward hay es tan hermoso lo amo Mircel te felicito esta hsitoria es maravillosa y ya quiero que se den un besoooo que se vuelvan novios hayyyy ya maryi calmate
bueno que mas
a si gracias a mis hermanitas por publicar esta historia y Mircel por escribirla las quieroo chicas
saludos desde Colombia

Elmi dijo...

Huy la queria matar!!!! como es capaz de hacerle eso a ese niño tan lindo, tierno y especial??? Dios!!!! Me lo imaginaba casi con las lagrimas en los ojos pidiendo disculpas!!!!
Yo no seria capaz de estar tan enfadada con él, y aunque Jake no es uno de mis personajes favoritos... en este Fanatic si que lo odio!!!!!!! Me estresa que sea tan... tan... tan... metido!!!!
Huy, espero que el cine y la FC sean interesantes, ya que Edward merece un incentivo después de todo lo que ha pasado... no??? pobre ha sufrido artisisisimo (y nosotras con el) que creo que es bueno tenga su momento de felicidad...
Espero el siguiente!!!!

Kimberly Cullen dijo...

Ahy que tierno me facina este Edward

nydia dijo...

Uuuuy q hermoso y tierno es este Edward me encanta esta historia...Besos sigue asi...

Ro_Lizzy dijo...

Que ocultara Bella??? llevo ya tiempo preguntándome lo mismo y espero pronto entender algo de eso.
La historia es genial, igual que sus hermosas escritoras que revientan de talento.
Cuídense mucho y nos leemos siempre...
http://miangelpersonal.blogspot.com/

aleshita-luvs-paramore dijo...

si ke me haz hecho esperar pero ha valido cada segundo!!! tkm esta historia es completamente hermosa la adoro... espero q puedas publicarla mas seguido; besotes y mis mejores deseos para el 2011!!!

andrea dijo...

Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy amo tu blog es de lo mas fasinante sigan escribiiendo porfavor!!! amo a este Edward es taaaaannn tiiernoo....yy cdasii me muueroo cuando Edward y Bella se pelearon...pasa x mi blog xfas!!
http://loraincullen.blogspot.com/
http://muerta-pero-con-vida.blogspot.com/
graciias

Anónimo dijo...

Oola me encanta tu blog todas tus historias son increibles esta es una de mis favoritas ojala y puedas seguir escribieno mas de esta historia cuidate = )

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Firmemos todos para que S.M. escriba Sol de Medianoche:D
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